Atención al investigador
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El ARCHIVO

La Biblioteca se encuentra en la planta baja, ocupando una gran parte del lado derecho de la fachada principal del palacio. El mobiliario original, librerías y mesa de trabajo se elaboraron en nogal en la época de la reconstrucción, aunque años después, en 1989, comenzó un nuevo plan decorativo, en virtud del cual las librerías fueron pintadas de color verde y posteriormente se añadieron en el techo nuevos elementos decorativos hasta culminar en el estado actual.


Consta de dos cuerpos bien diferenciados, uno superior en el que se distribuyen las baldas con los libros y otro inferior cerrado con puertas en el que también los libros están colocados en sus correspondientes estantes, sirviendo de soporte para las vitrinas de documentos.

Resulta imposible trazar la evolución histórica de la Biblioteca ya que en 1936 se perdieron más de la mitad de sus fondos, y no se conservaron catálogos bibliográficos que hubieran podido dar cuenta de la naturaleza o la temática de muchos de los ejemplares destruidos.

En cualquier caso resulta evidente que debió empezar a formarse a principios del siglo XVIII desde el momento en que los Fitz James Stuart, duques de Liria y Xérica, decidieron asentarse definitivamente en España, con fondos bibliográficos que irían adquiriendo y también con aportaciones de algunas de las casas nobiliarias que mediante matrimonio fueron incorporándose sucesivamente a la Casa.

Ya se ha mencionado que la destrucción del palacio significó una gran pérdida para la Biblioteca, que fue paliada en parte con la compra por don Jacobo de la magnífica Biblioteca de Vicente Castañeda, secretario de la Real Academia de la Historia, que destacaba por sus cuidadas encuadernaciones y por contener un fondo muy rico de obras de temática valenciana.

No cabe duda que los sucesivos titulares de los ducados de Berwick y Alba fueron dejando la huella de sus gustos bibliográficos durante los siglos XVIII y XIX en los libros que se incorporaron a la Biblioteca. Entre ellos merecen ser recordados el duque Carlos Miguel a comienzos del siglo XIX, la duquesa Rosario y su hijo el duque D. Jacobo ya en el siglo XX. Sin duda quien más contribuyó a la ampliación de los fondos bibliográficos fue el duque don Jacobo, padre de la actual duquesa de Alba. Su gran amistad con Alfonso XIII le obligó a desempeñar numerosos cometidos durante su reinado, además colaboró de forma entusiasta en muchas de las empresas culturales que tuvieron lugar en España durante la primera mitad del siglo XX. Académico de las tres grandes Academias españolas y director durante más de venticinco años de la Real de la Historia, colaboró activamente con el Comité Hispano-Inglés y con la Residencia de Estudiantes. Fue amigo de intelectuales y académicos e historiador aficionado y gran amante de la Arqueología y de la Paleontología.El resultado de las inquietudes culturalesde todos ellos es una magnífica Biblioteca histórica en la que se encuentran obras de Arte, Biografías, Crónicas, Memorias e Historia en sus distintas ramas que en su conjunto alcanza los diez y ocho mil volúmenes.

Lógicamente, considerando el interés por los libros de algunos de los duques de Alba, en ocasiones tuvieron un interés especial en la adquisición de auténticas joyas bibliográficas por su valor científico o histórico, entre los que pueden destacarse varios incunables, algunos de los cuales se encuentran en un excelente estado de conservación con todas sus ilustraciones originales, la Biblia Real de Plantino, una edición de la Biblia Políglota Complutense, la colección de Crónicas españolas de Sancha o algunos magníficos impresos de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Existen en la Biblioteca tres grandes vitrinas que reciben los nombre de Vitrinas de la Biblia, de Colón y Estuardo, que contienen algunas joyas

bibliográficas y documentos de enorme importancia para la historia familiar y también para la de España. Entre ellas, la Biblia de la Casa de Alba, una traducción castellana de principios del siglo XV, encargada por el maestre de Calatrava Luis de Guzmán a un sabio judío, bellísimamente iluminada y que tiene el valor añadido de haber estado durante un tiempo en poder de la Inquisición y de haberse librado tal vez de la destrucción gracias a la intervención del conde duque de Olivares en el siglo XVII. Junto a la Biblia en esta Vitrina se conservan también dos magníficos portulanos del siglo XVI, de Vaz Dourado y de Joan Martínez de Mesina y dos documentos de capitulaciones para los matrimonios de los príncipes Juan y Juana de España con Felipe y Margarita de Austria. Esta Vitrina se completa con otros interesantes libros de oraciones y ejecutorias y con una magnífica Primera edición del Quijote de 1605.

La Vitrina Colón recibe su nombre del descubridor de América, y en ella se exhiben algunos autógrafos del almirante y también documentos relacionados con el descubrimiento y la conquista de América, como el Mapa de la Española, el Rol de marineros que acompañaron a Colón en su primer Viaje, además de cartas, memoriales, recibos o informes. Junto a este espléndido fondo de papeles del almirante, también puede mencionarse la presencia del testamento de Fernando el Católico dictado pocos días antes de su muerte o algunos documentos de conquistadores como Pizarro o Legazpi.

Finalmente, la Vitrina Estuardo conserva documentos relacionados con la historia familiar de los duques de Berwick, entre ellos el privilegio de concesión del ducado de Liria y Xérica, otorgado en 1707 por Felipe V al mariscal de Berwick por su gran triunfo en la batalla de Almansa y también correspondencia con personajes de la época y diversos documentos de la emperatriz Eugenia de Montijo.

A lo largo de todo el perímetro de la Biblioteca, sobre el cuerpo bajo se encuentran 37 Vitrinas, cuyo contenido fue objeto de un Catálogo editado por la duquesa doña Rosario en 1898. En ellas se muestran centenar y medio de documentos de especial interés para la historia familiar, comenzando con el documento más antiguo del Archivo, del año 1026, y siguiendo con un gran número de documentos reales de mercedes otorgadas por los reyes españoles a los antepasados familiares. De entre ellos pueden mencionarse algunos excelentes privilegios rodados bellamente iluminados, de confirmación de la merced de la villa de Alba de Tormes o de oficios y títulos nobiliarios y también magníficos documentos de concesión de escudos de armas a conquistadores y ciudades americanas.

El Archivo

El Archivo es el resultado de un proceso de acumulación de documentos procedentes de los distintos estados nobiliarios que a lo largo del tiempo han ido incorporándose a la Casa de Alba. La culminación de este fenómeno fue la existencia de un Archivo excepcional, con documentación procedente de más de 50 casas nobiliarias. Sucesivos incendios menguaron su volumen hasta reducirlo a unos 4.500 legajos a finales del siglo XIX que, no obstante, seguían haciendo de él uno de los más importantes de España.

La entonces duquesa de Alba, doña Rosario Falcó, con la colaboración del gran bibliotecario Antonio Paz y Mélia, procedió a la reorganización del Archivo, constituyendo dos fondos que fueron denominados respectivamente Administrativo e Histórico.

El primero de los citados, compuesto por unos 4.000 legajos, incluía documentos relacionados con el gobierno de una casa señorial de enormes dimensiones; correspondencia con administradores y oficiales, relaciones con las villas, etc., de gran importancia para los historiadores de la Casa de Alba, pero mucho menor para la Historia de España. El segundo fue denominado Fondo Histórico y de él pasaron a formar parte aquéllos documentos, que por su belleza material, su rareza o su importancia para la Historia de España fueron considerados dignos de conservarse en un lugar especial.

En 1936 el Palacio de Liria fue destruido en el transcurso de la Guerra Civil y con él, el mencionado Fondo Administrativo, conservándose únicamente el Fondo Histórico. En la actualidad, éste comprende 474 cajas y unas 50.000 piezas documentales. El más antiguo de los documentos data de 1026 y el más reciente de principios del siglo XX. Su valor es muy desigual, ya que algunos son extraordinarios pergaminos bellamente iluminados que todavía conservan sus sellos, otros de importancia excepcional para la historia de España, como el último testamento de Fernando el Católico y finalmente un grupo de menor importancia.

La Casa de Alba custodia uno de los más importantes fondos de documentos americanos por su riqueza y variedad. Por su carácter absolutamente excepcional, pueden destacarse los autógrafos de Cristóbal Colón, un conjunto de 20 documentos del descubridor de América, cuya importancia no resulta difícil de imaginar si tenemos en cuenta que entre ellos se incluye el más antiguo mapa de América, el plano de la Española, la relación de tripulantes del Primer Viaje de Colón u otros escritos dirigidos a los Reyes y a otros familiares y amigos.

En segundo lugar, puede destacarse la extraordinaria colección llamada Nobiliario de Indias, compuesta por unos 250 privilegios de concesión de Escudos de Armas a conquistadores y ciudades de la América Española durante el siglo XVI. Finalmente, el conjunto denominado Fondo Americano, integrado por unos 1.100 documentos, desde el siglo XVI al XVIII, de enorme importancia para la evolución histórica de la América Española. El Archivo de la Casa de Alba contiene un excepcional fondo compuesto por cartas de los reyes españoles; privilegios, reales cédulas, albalaes, etc., desde Alfonso VIII en adelante, de gran importancia para la historia de la Casa de Alba y también de la de España.

También documentos pontificios, bulas, breves, etc., en vitela y pergamino, muchos de los cuales todavía conservan sus sellos, prácticamente de todos los papas desde el siglo XV en adelante. Puede destacarse también el Archivo personal del 3º duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, integrado por 88 cajas y más de 15.000 cartas recibidas y enviadas por este personaje, que constituyen una caudal de información de primer orden para conocer el papel representado por uno de los grandes protagonistas de la historia europea del siglo XVI. El Fondo llamado Lemos, que comprende varios títulos nobiliarios de Galicia, que comienzan en 1179, constituyendo una fuente muy valiosa para el estudio de la historia de esa región.

También conviene llamar la atención del Fondo de Manuscritos de la Casa de Alba, integrado por 166 de estos documentos; algunos de ellos ejemplares únicos de enorme importancia histórica y literaria, que abarcan desde el siglo XIV al XIX, de los que podemos destacar el Libro de las Aves del canciller Ayala, El espejo de los Legos, de los siglos XIV y XV, con espléndidas encuadernaciones mudéjares, o la correspondencia de los embajadores Gutierre Gómez de Fuensalida, en Alemania, Flandes e Inglaterra a comienzos del siglo XVI, la embajada a Moscovia del 2º duque de Berwick en 1727 o la correspondencia del duque de Huéscar en París en 1747.